
El primer gobierno de izquierda en la historia reciente de Colombia deja una economía con destellos sociales y sombras fiscales. La tasa de desempleo está en mínimos del siglo y la pobreza multidimensional bajó por primera vez a un dígito. El turismo creció y algunos sectores agrícolas han vivido una bonanza. Esos logros coexisten con una amenaza fiscal y una baja inversión que pueden comprometer el futuro. El desaforado gasto público, el endeudamiento a tasas altas y un recaudo tributario estable han apretado la caja. Colombia es, según la CEPAL, ya el segundo país de América Latina con peor déficit fiscal.





