Paraguay está de vuelta. 16 años después, la Albirroja ha vuelto al Mundial a lo grande gracias a una más que insípida Alemania. Y ha vuelto sin juego pero con resultados. Si el presidente paraguayo declaró fiesta nacional el día siguiente de sellar la clasificación al Mundial, ahora se espera una fiesta de las que hacen subir las tasas de natalidad. Han tenido que llegar los penaltis para desencallar un partido patentable para combatir el insomnio, hasta en la tanda de los 11 metros, epítome de la emoción futbolística, la intriga ha dado paso al estupor por la sucesión de errores inconcebibles. En octavos Paraguay se enfrentará al ganador del Francia – Suecia de mañana martes.
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