A pocas semanas de que los brasileños acudan a las urnas, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, libra una batalla en solitario contra los principales representantes de la extrema derecha americana, empezando por Donald Trump. En pocos días se han acumulado crisis diplomáticas con el presidente de Estados Unidos y con el argentino Javier Milei: sanciones, aranceles y desaires diplomáticos desde el norte; insultos y desplantes desde el país vecino. Lula trabaja estos días para transformar las crisis en argumentos en defensa de la soberanía nacional, y sobre todo para dejar claro ante la opinión pública que los ataques a Brasil tienen un responsable dentro de casa: Flávio Bolsonaro, el hijo del expresidente y su principal rival en las elecciones que se celebrarán en octubre.
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