Son poco más de dos minutos. Pero bastan para poner al auditorio en pie, con aplausos, gritos y una emoción a flor de piel que no es habitual en los mitines de los políticos. Tanto es así que, cuando termina de hablar Alexandria Ocasio-Cortez, el candidato al que esta congresista neoyorquina ha ido a apoyar añade una frase que despierta la euforia:
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