Hay un refrán turco que resume mejor que cualquier informe de cumplimiento normativo lo que le ocurre a una institución cuando pierde su armazón de buen gobierno: “Cuando un payaso se muda a un palacio, no se convierte en rey. El palacio se convierte en un circo.” Sin estructura normativa ni cultura refractaria a la corrupción, una sola persona puede desmontar los andamiajes éticos de cualquier entidad. La FIFA de Gianni Infantino es, hoy, un caso de estudio de este fenómeno.
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