Nada ha quedado en su lugar en los últimos años. Tampoco en el fútbol. La tecnología apretó el acelerador para mejorarnos y contaminarnos en proporciones parecidas. Como el fútbol es un territorio primitivo, la irrupción fue especialmente violenta. Hoy el vestuario parece una oficina eficiente y el fútbol dejó de ser una experiencia solo visceral.
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