El tiempo dirá si el Nations Championship logra encauzar una de las grandes tareas pendientes del calendario mundial del rugby, la conciliación ente hemisferios, o se queda en una herramienta de marketing para engalanar las tradicionales giras de cada selección al otro lado del globo. El estreno de un torneo dividido en dos bloques —tres partidos en julio y cuatro en noviembre— ha dejado tras el primer bloque en el hemisferio sur un empate técnico, con nueve victorias para cada uno de los grupos y la hegemonía mundial aparentemente intacta, pues Sudáfrica y Nueva Zelanda, finalistas del último Mundial en 2023, son las únicas con pleno de victorias. Todo un aviso de cara a Australia 2027, el fantasma en la habitación de todos los contendientes, que apuran sus oportunidades para afinar. En muchos casos, a cambio de horas de vuelo. Como los 42.000 kilómetros que se ha chupado Inglaterra en tres semanas para jugar con Fiyi, Argentina y Sudáfrica.
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