El 6 de diciembre de 2022, horas antes de enfrentar a Suiza en los cuartos de final del Mundial de Qatar, el seleccionador portugués, Fernando Santos, llamó a Cristiano Ronaldo a su despacho en el hotel de concentración. “Le expliqué que esa noche no sería titular porque le faltaba ritmo, y lo interpretó mal”, recordó el técnico. Fue el desencadenante de una crisis que cuatro años después sigue consumiendo tiempo y energía a una federación que no ha sabido promover a una generación de talentos irrepetibles sin someterla al contrasentido de jugar en función de un futbolista que fue grande gracias a su dinamismo pero ha cumplido 41 años y hace mucho que tiene dificultades para desplazarse en el campo.
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