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¿Hasta cuándo aguantará el Miz?

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El béisbol del siglo XXI se obsesionó irrevocablemente con la velocidad; la recta promedio subió cinco millas el último cuarto de siglo hasta las 94.2 mph en 2025, pero lo que Jacob Misiorowski hace este año con los Cerveceros desafía las leyes de la física, la biomecánica y de la propia anatomía humana. 

La gran interrogante es: ¿hasta cuándo se mantendrá a ese nivel? Se preguntan desde el clubhouse hasta los grupos de WhatsApp.

 Sobre esas dudas descansa desde las opciones de Milwaukee de ganar la Central de la Liga Nacional hasta la candidatura al Cy Young de al menos un quinteto de lanzadores. Entre ellos el dominicano Cristopher Sánchez, con todo y las millas que perdió en su horrible salida en Kansas. 

Ver lanzar a Misiorowski es un espectáculo tan electrizante como aterrador: el abridor espigado (6’7 pies) pulverizó los radares al registrar una recta a 105.5 millas por hora frente a los Cubs (26 de junio), y semanas después llegó a lanzar la insólita cantidad de 57 picheos por encima de las tres cifras en una sola tarde contra los Cardenales (7 de julio). 

Sus números son dignos de PlayStation, liderando la Liga Nacional en efectividad, ponchesWHIP y bateo de la oposición. Es una realidad indiscutible: hoy por hoy, su nombre encabeza la primera línea de fuego al mejor lanzador de todo el béisbol.

El 40 % de sus lanzamientos alcanzan las 100 mph; son 670 de 1,662. ¿El más cercano? El venezolano Edgardo Henríquez (Dodgers) con 254. Se trata de la mayor cantidad de pitcheos que alcanzan los tres dígitos en un curso desde que Statcast introdujo los modernos radares en 2008. La marca pertenecía a Jordan Hicks (673 en 2018)… a The Miz le restan hasta 14 salidas para estirarlo.

El desafío físico

La historia reciente de la MLB nos ha enseñado, a base de dolorosas bajas, que el cuerpo humano tiene límites estructurales muy claros, aunque Shohei Ohtani lleva casi una década desafiando la lógica. 

Mantener los tendones y ligamentos del brazo en una tensión constante para rozar o superar las 100 millas sistemáticas es, para muchos expertos médicos y científicos del deporte, una peligrosa bomba de tiempo. El codo y el hombro no evolucionaron para soportar el torque que genera un látigo de más de seis pies de altura lanzando fuego entrada tras entrada. 

Históricamente, los lanzadores de poder que abusan del acelerador sin filtros pagan un peaje altísimo en la lista de lesionados, con el temido quirófano y la reconstrucción de ligamentos esperando justo cuando alcanzan el cénit de sus carreras.

Para Misiorowski, la clave que definirá su candidatura al Cy Young no estará en cuántos bateadores abanique hasta septiembre, sino en la capacidad del cuerpo técnico para dosificar sus entradas y en su propia madurez sobre el montículo. 

  • El arte de lanzar no va de tirar pedradas; radica en administrar el repertorio. Atacar la zona de strike con eficiencia reduce pitcheos y otorga un respiro vital a su físico.

Si el joven prodigio logra desafiar las estadísticas de los médicos, rompe los precedentes sombríos y mantiene la salud intacta el Cy Young será suyo. Si el brazo cede ante la tremenda fricción del esfuerzo, nos quedará el amargo y repetitivo debate de si la búsqueda de la velocidad extrema vale el riesgo de romper el talento más indomable del béisbol de hoy. El tiempo y el radar dictarán la sentencia definitiva.