Javier Aguirre intenta ser el catalizador de emociones. Se coloca sobre los micrófonos e intenta contenerse. Si por él fuera se pondría a bromear con los periodistas, lanzar unas cuantas maldiciones y pedir que le pasen un whiskey con hielos. La victoria 2-0 frente a Ecuador ha sido una de las mejores de su trayectoria de 30 años como entrenador. El valor reside en que fue un triunfo en un partido de eliminación directa en un Mundial, algo que no ocurría desde 1986 cuando México sacó del camino a Bulgaria. “El pueblo mexicano merecía una noche como esta”, lanzó con la alegría contenida.
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