Con el estrecho de Ormuz aún cerrado, diga lo que diga la Casa Blanca, la sombra de otra crisis de consecuencias imprevisibles se cierne sobre su principal alternativa: Bab el Mandeb, ineludible puerta de entrada al canal de Suez y salida clave para el petróleo de Arabia Saudí. Las milicias hutíes están cada vez más cerca de hacerse con el dominio de la lengua de agua que conecta el mar Rojo y el Arábigo, y su cierre —aún potencial, no real— amenaza con agravar la sequía global de crudo y gas a las puertas de la temporada de frío en el hemisferio norte.
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