Las ciudades no son estáticas, cambian y se transforman para responder a las necesidades de sus habitantes, y sobre esa idea, el monorriel de Santo Domingo se perfila como otra de las intervenciones urbanas más importantes del Gran Santo Domingo durante las últimas décadas con el reto de armonizar su crecimiento con la protección del medio ambiente y el patrimonio natural.
El serpenteado trazado de 10.5 kilómetros que unirá al Distrito Nacional con Santo Domingo Este implica una transformación visual de la ciudad. Los más afectados son negocios, razón por la cual comerciantes de la avenida 30 de Marzo, vía dedicada a la venta de instrumentos musicales, exigen claridad del proyecto.
Hay precedentes de transporte masivo aéreos que afectan la visibilidad de edificaciones como las cinco estaciones de la línea 1 del Metro de Santo Domingo y la 2-C de Los Alcarrizos y también el monorriel de Santiago.
Nuevos espacios urbanos
Johel Isa, director del Fideicomiso para el Desarrollo del Sistema de Transporte Masivo de la República Dominicana (Fitram), entidad que tiene bajo su responsabilidad la construcción del proyecto, asegura que no solo impactará en la mejoría de la movilidad de más de un millón de personas, sino que generará nuevos espacios en la ciudad.
Donde sea necesario se reconstruirán y ampliarán las aceras y las 12 estaciones transformarán cada lugar. El impacto en la movilidad de viviendas y establecimientos comerciales serán mínimos, según Isa.
Cambian parte del trazado del monorriel de Santo Domingo
Explica que una de las ventajas del monorriel es que las estaciones quedarán elevadas sobre columnas, lo que reduce la huella urbanística: únicamente se instalarán escaleras eléctricas y ascensores para personas con discapacidad, minimizando la ocupación del espacio público.
Al referirse al impacto que tendría la obra el farallón de la avenida Ecológica dijo: “Quiero que sepan que tenemos todas las alternativas, y que ese proyecto va con una intervención del parque, que lo vamos a hacer con ustedes, que lo vamos a reforestar, hay que aumentar la huella verde”.
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El urbanista Marcos Barinas, sin restarle importancia a la parte estética, considera más importantes aspectos como decisión de construir un monorriel en Santo Domingo, en lugar de un sistema ferroviario de mayor capacidad y entiende que el proyecto responde más a una solución pragmática y de menor costo que a una estrategia de conectividad regional de largo plazo.
Entiende que el proyecto representa una oportunidad desaprovechada para desarrollar una red ferroviaria metropolitana capaz de conectar de forma eficiente el Gran Santo Domingo con ciudades cercanas como San Cristóbal y San Pedro de Macorís.
Sostuvo que el desarrollo urbano alrededor de las paradas será determinante para el éxito del proyecto, un aspecto que, según afirmó, aún representa una deuda en torno al Metro de Santo Domingo. En ese sentido, planteó la necesidad de promover viviendas asequibles y espacios públicos de calidad en las zonas de influencia de las estaciones.
Esta obra, con inversión estimada en 900 millones de dólares, contará con financiamiento de Francia en condiciones preferenciales a través del Tesoro francés y la Agencia Francesa de Desarrollo. Se tiene previsto terminarla en 48 meses, es decir cuatro años.





