El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, trasladó este martes a la tribuna de la Asamblea General de las Naciones Unidas uno de los mensajes que ha repetido durante meses sobre Cuba: su convencimiento de que el sistema político de la isla se acerca a un punto de ruptura bajo la creciente presión económica de Washington.
“El régimen comunista está bajo una fuerte presión, la más fuerte que haya conocido jamás. Cuba caerá”, declaró Trump ante los líderes reunidos en Nueva York, según la agencia AFP. El mandatario no explicó cómo se produciría ese desenlace, pero reiteró que su Administración busca un “cambio fundamental” en la isla.
La declaración constituye una nueva escalada retórica, aunque no un giro inesperado. Desde principios de 2026, Trump ha pronosticado repetidamente el debilitamiento del Gobierno cubano y ha vinculado ese escenario con la pérdida del suministro de petróleo venezolano y con las medidas económicas adoptadas por Washington.
El 4 de enero, Trump aseguró que Cuba estaba “a punto de caer” porque, según su planteamiento, la economía de la isla no podría sostenerse sin los recursos procedentes de Venezuela. En aquella ocasión descartó, sin embargo, que Estados Unidos necesitara emprender una acción similar a la ejecutada en Venezuela para provocar cambios en Cuba.
Una semana después endureció el mensaje. El 11 de enero advirtió que Cuba dejaría de recibir petróleo y dinero venezolanos y recomendó a La Habana alcanzar un acuerdo con Washington “antes de que sea demasiado tarde”.
La Administración estadounidense ha convertido desde entonces el acceso de Cuba a combustibles en uno de los principales instrumentos de presión sobre el Gobierno de Miguel Díaz-Canel.
Esa estrategia adquirió una dimensión internacional el 29 de enero, cuando Trump firmó una orden que permite imponer aranceles adicionales a las importaciones procedentes de países que vendan o suministren petróleo a Cuba. El mandatario declaró entonces una emergencia nacional al considerar la situación cubana una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior estadounidense.
“Cuba es la siguiente”
En marzo, Trump fue todavía más explícito sobre el futuro que espera para la isla. “Cuba es la siguiente”, declaró durante un foro en Miami, una afirmación que se produjo en momentos en que Washington incrementaba la presión económica sobre La Habana.
Días antes había asegurado que Cuba “va a caer muy pronto” y afirmado que las autoridades cubanas estaban interesadas en alcanzar un acuerdo con Estados Unidos.
Trump reveló entonces que había encargado al secretario de Estado, Marco Rubio, la conducción de las negociaciones y posteriormente calificó una eventual caída del sistema cubano como “la cereza del pastel”.
Las conversaciones llegaron a ser reconocidas por el propio Díaz-Canel. En marzo, el presidente cubano confirmó contactos con representantes de Washington dirigidos, según explicó, a buscar mediante el diálogo soluciones a las diferencias entre los dos países.
Diario Libre informó entonces que Trump había pedido a Cuba alcanzar un acuerdo mientras su Gobierno intensificaba la presión económica y energética.
Sin embargo, el proceso no avanzó. En agosto, Díaz-Canel calificó el diálogo de “estancado” y aseguró que no existía todavía una agenda definida. El mandatario cubano atribuyó esa situación a la presión estadounidense y recordó declaraciones de Rubio en las que el secretario de Estado había anunciado que Washington buscaría cerrar las posibles “vías de escape” económicas de Cuba.
Rubio y el cambio “drástico”
Marco Rubio ha desempeñado un papel central en la formulación de la política cubana de la segunda Administración Trump. En febrero afirmó que Cuba debía cambiar “drásticamente” y planteó que Washington recibiría favorablemente reformas que abrieran espacios para la libertad económica y, posteriormente, política. También responsabilizó a las autoridades cubanas de la crisis que atraviesa la población.
- El secretario de Estado consideró insuficientes las medidas anunciadas posteriormente por La Habana para permitir mayores inversiones de cubanos residentes en el extranjero. A mediados de marzo sostuvo que esas aperturas no eran “suficientemente drásticas” y que no bastarían para solucionar los problemas estructurales del país.
- Rubio volvió sobre el futuro de Cuba el 20 de mayo en un mensaje dirigido directamente a los habitantes de la isla. Ofreció una “nueva relación” entre Washington y La Habana, pero sostuvo que esta debía establecerse con el pueblo cubano y acompañarse de transformaciones económicas y políticas. Estados Unidos planteó además una oferta de 100 millones de dólares en alimentos y medicinas para su distribución mediante la Iglesia católica.
En ese mensaje, Rubio puso a la República Dominicana como ejemplo de un modelo político y económico distinto para Cuba, al destacar la posibilidad de abrir empresas y participar en elecciones libres. También responsabilizó al conglomerado militar Gaesa y a la dirigencia cubana de la crisis económica y energética de la isla.
Un día después, Rubio describió a Cuba como un “Estado fallido” y afirmó que el sistema económico cubano estaba roto y que no podía repararse bajo el sistema político vigente. Aunque aseguró que Washington prefería una solución diplomática, señaló que Trump disponía de otras opciones y afirmó que Estados Unidos estaba “muy enfocado” en conseguir cambios.
Presión sobre el petróleo
- La presión no se ha limitado al discurso. En junio, Estados Unidos sancionó a la estatal Unión Cuba-Petróleo (CUPET), una decisión anunciada por Rubio que impide a la compañía mantener relaciones financieras o empresariales en territorio estadounidense. CUPET controla la extracción, refinación y distribución de combustibles en Cuba.
En julio, el secretario de Estado aseguró que Washington continuaría utilizando las herramientas disponibles contra el Gobierno cubano y volvió a reclamar “reformas reales”. Rubio sostuvo entonces que Estados Unidos estaba dispuesto a ofrecer ayuda para la reconstrucción y una nueva relación bilateral si se producían transformaciones políticas y económicas.
La posición volvió a endurecerse en septiembre. Según informaciones recogidas por Diario Libre, Rubio reconoció que Washington había aplicado contra Cuba las sanciones más fuertes de la historia de la relación bilateral y advirtió que podrían adoptarse medidas todavía más severas. La Habana ha denunciado esa política como un intento deliberado de provocar el colapso económico del país.
La respuesta de La Habana
El Gobierno cubano sostiene que su deterioro económico está estrechamente relacionado con las sanciones estadounidenses. La Habana acusa a Washington de reforzar el embargo, obstaculizar el suministro energético y ejercer presión sobre terceros países y empresas para impedir que proporcionen recursos a la isla. Estados Unidos, en cambio, atribuye la crisis fundamentalmente al modelo político y económico cubano.
- Un día antes del discurso de Trump ante la ONU, el canciller Bruno Rodríguez acusó a Estados Unidos de utilizar la lucha contra el narcotráfico como “instrumento de dominación” en América Latina y denunció lo que calificó como un reforzamiento sin precedentes del bloqueo, acompañado de sanciones secundarias y presión energética.
La Habana también ha rechazado las declaraciones de Rubio sobre el futuro político regional. A comienzos de septiembre, después de que el secretario de Estado afirmara que gobiernos de izquierda habían “destruido” a Venezuela, Cuba y Nicaragua, Rodríguez acusó a Washington de intentar “reescribir la historia del hemisferio”.
La declaración de Trump este martes en Naciones Unidas se inserta así en una estrategia desarrollada durante todo 2026: restricciones al abastecimiento petrolero, sanciones económicas y presión diplomática acompañadas de una oferta condicionada de ayuda y de una relación diferente si La Habana introduce reformas profundas. El Gobierno cubano, por su parte, sostiene que esas medidas buscan forzar mediante presión económica un cambio político en la isla.





