Cuando el aficionado reproduzca las últimas jugadas de la partida de este vídeo no tendrá dudas de que el ataque blanco es arrasador. Lo que la hace inmortal no es el remate sino la mezcla de audacia y enorme profundidad de evaluación que implica el movimiento duodécimo, con un sacrificio de pieza a largo plazo que muy pocos jugadores se atreverían a hacer, no sólo en 1973 sino incluso hoy mismo, por mucho que el entrenamiento intensivo con muy potentes computadoras haya elevado la calidad técnica de los ajedrecistas de élite. Y menos aún frente a un rival de postín, como el soviético Yevgueni Vasiukov.
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